miércoles, 2 de mayo de 2007

Maquillaje

La muchacha ocupaba el banco más lejano de la plaza. Las piernas cruzadas, una discreta minifalda dejaba ver unos muslos trabajados y atractivos. Bajo la ligera blusa se dibujaban unos pechos firmes, que abrían el camino hacia un cuello decorado apenas por un sencillo collar que destacaba aún más las facciones de la chica. “Bella, elegante y discreta, tal vez, un único pero…demasiado maquillada”, pensaría cualquier padre que llevara de la mano a su hijo hacia los columpios que cerraban el parque, antes del gran bloque de casas de la esquina.

El arlequín apareció puntual. Todas las tardes paseaba su sonrisa maquillada por entre los niños del parque. Nadie sabía quién era ni porqué lo hacía, pero tarde tras tarde trataba de amenizar los juegos de los pequeños entre el tobogán y el balancín, hinchando globos y dándoles formas entre el asombro de los chiquillos.

Camino de los columpios, el arlequín pasó delante de la joven. ¿Quién puede ser tan estúpido de pintarse la cara como un idiota y pasearse de esa guisa por la calle?, pensaba indignada la muchacha.

El arlequín, trasformando su sonrisa en una mueca de pena, se preguntaba…

¿Quién puede ser tan desgraciada como para exagerar el maquillaje tratando de maldisimular unas lagrimas tan desoladoras…?