Soy un vagabundo.
Unas veces duermo bajo el puente de la tristeza
en cartones de insomnio,
y otras lo hago sobre el colchón mullido de la felicidad.
Soy un vagabundo.
A menudo tengo un apetito atroz de saber,
y días después muero bajo el hambre de mi propia ignorancia.
Soy un vagabundo.
Cuando estoy solo quiero abandonar
el camino estúpido de la mendicidad.
Y cuando me rodean los rostros conocidos
sólo pienso en volver a vagabundear.
Soy un vagabundo.
A días huelo a tasca y palabrota,
mientras que otros me perfumo con olores de comedida urbanidad.
Soy un vagabundo.
He robado besos que no me correspondían,
y dejado de recibir otros por llevar una falsa barba de tres días.
Soy un vagabundo.
Una vez tuve dos monedas juntas,
las invertí en embriagarme con el vino de la verdad.
Desde entonces soy un contradictorio vagabundo de ojos tristes.