- Eres libre, Sorbas. No tienes madre ni padre. Aún eres un niño. Las hojas de tu destino están aún por escribir. ¿Qué es lo que quieres hacer?
El viejo Elías se escondía tras el humo de su pipa y a través de sus palabras pude sentirme lo más cerca posible de un padre.
- Quiero ver mundo. Salir de este pueblo y confundirme en el anonimato de otros países. Quiero que me miren como un extranjero. Sentir la libertad de ser Sorbas, sin apellidos; sin este pasado que me marca como el hijo de dos muertos. Quiero lavarme el rencor. Ser yo, sin tener que explicar por qué lo soy.
El viejo pierde su vista en mí, observándome con un respeto nuevo que nunca había visto en sus ojos.
- Hoy es el primer día de tu nueva vida. Un nuevo ideal, una nueva vida. Todos podemos renacer cada día. Te ayudaré a prepararte. Viajar es algo más que moverse por el mundo.
Y mi corazón comenzó a latir apresuradamente.